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miércoles, 2 de agosto de 2006

Larga vida a Depeche Mode

Blas.

Ya ha pasado una semana desde el concierto de Depeche Mode en Torrevieja y creo que aún no me he recuperado del todo. Y eso que ya los había visto este mismo año en Madrid (el 6 de febrero, si no recuerdo mal).

No fue ni mejor ni peor. Simplemente distinto. El setlist fue más corto, eso sí (en Madrid tocaron 22 temas y en Torrevieja tan sólo 18). Se echaron en falta sobre todo Just Can’t Get Enough y Everything Counts. Pero fue más espectacular, sobre todo por el alargue de algunos temas como I Feel You o Personal Jesus. A Gahan lo vi igual de entusiasmado y entregado. Tiene un mérito enorme. Con 44 años a sus espaldas demuestra mucha más energía que cualquier cantante de estos grupos salvadores del rock que aparecen ahora (todos sabemos de quién hablamos; el que no, que lo pregunte). No paró de moverse en todo el concierto. Además tiene una voz que impresionante es una palabra que ciertamente se le queda pequeña. (Y tengo testigos, ojo).

(Inciso: Tampoco me quiero olvidar de Martin. Al fin y al cabo a él le debemos todos esos temazos que Gahan canta. Martin es el típico héroe tímido al que es imposible dejar de mirar cuando interpreta Home, y que para los menos devotos siempre estará un escalón por debajo de Gahan. Cruel realidad. Fin del inciso)

Pero escuchar de manera consecutiva I Feel You, Behind The Wheel, World In My Eyes, Personal Jesus y Enjoy The Silence debe ser lo más parecido a estar en el Paraíso rodeado de bellas mujeres y tú como único testigo. Y luego llega el momento de mover las manos de izquierda a derecha con Never Let Me Down Again y ya simplemente chorreas.

Ver a Depeche Mode es un espectáculo único. Una gozada. En serio. Aquel que no los ha visto aún, no sabe lo que se pierde. Tengo un par de colegas que saben de lo que hablo (¿verdad que sí, Robe, Pablo?)


P.D: Aquí os dejo una crónica del concierto, por si queréis ampliar detalles.

P.D2: Y una actuación de Precious, en un concierto de esta gira.


Suena: Street Fighting Man, The Rolling Stones

martes, 1 de agosto de 2006

Syd Barrett, el genio

El otro día murió Syd Barrett -el tipo de la izquierda-, uno de los fundadores de Pink Floyd. Sólo pudo grabar un disco con la mítica banda inglesa. Pero qué discazo. Ese The Piper at the Gates of Dawn (1967). Un álbum único y uno de los más importantes en la historia de la psicoledia. Fue su mejor legado.

Barrett representa a la perfección la imagen de genio díscolo, capaz de lo mejor (ahí está The Piper at the Gates of Dawn) y también de lo peor. Dicen que tras su salida el grupo no volvió a ser el mismo. Evidentemente. En nada se parece ese álbum a The Wall (1979) o The Dark Side of The Moon (1973), por citar algunos. Pero el que nunca volvió a ser el mismo fue Syd Barrett, víctima de un consumo excesivo de drogas (el LSD era su preferida) que le llevaron a perder, literalmente, la cabeza.

Arruinó muchas de las actuaciones del grupo por aquella época. Se le iba la pinza de tal modo que en algún momento llegó a quedarse inmóvil rasgando las cuerdas de la guitarra sin ton ni son. También es famosa la entrevista televisiva en la que se quedó totalmente en blanco.

Las drogas le llevaron a abandonar Pink Floyd a los dos años de su fundación. Se retiró a vivir a casa de sus padres, en Cambridge. Dicen que apenas salía de allí. Y los pocos que le vieron confiesan que estaba completamente loco.

Posteriormente, sus compañeros le dedicaron uno de sus mejores y más importantes discos: Wish You Were Here (1975), cuya canción está dedicada expresamente a él. Pero el tema que rinde un tributo más claro a Syd Barrett es Shine On You Crazy Diamond.


Acojonante. Ya.