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viernes, 9 de noviembre de 2007

De golfo a internacional

Dani Güiza disfruta ahora de una vida feliz. Una felicidad que se ha labrado a base de goles. Consagrado en Primera y a la espera de un hijo, ayer vivió “el sueño de todos los españoles”. El camino, sin embargo, no le ha sido nada fácil.

Criado por una “familia humilde y de chabolas”, como en alguna ocasión reconoció medio en serio medio en broma, fue un chaval de la calle. Los estudios no le interesaron; el balón, sí. Por eso Güiza le debe mucho al fútbol. También a Quique Pina, ex presidente del extinto Ciudad de Murcia.

El Mallorca se fijó en él con apenas 20 años. Procedía de las categorías inferiores del Xerez. En su ciudad natal se había hinchado a marcar goles. Poco después, debutó en Primera contra el Espanyol en Son Moix. Su juventud, sin embargo, le pasó factura. La noche, aquella de la que una vez dijo “que confunde a los futbolistas”, frenó su progresión.

En Mallorca no le fue especialmente bien. Incluso, llegó a reconocer que en más de una ocasión se quedó dormido en las sesiones de vídeo de Luis Aragonés y de Bernd Krauss. Era evidente que aquello no funcionaba.

Fue cedido al Dos Hermanas, de Segunda B. De allí regresó al Mallorca B, desde donde volvió a dar el salto al primer equipo. Pero la cosa seguía sin funcionar. Fue cedido de nuevo. En un año, dos equipos. Primero, al Recreativo, donde se encontró con Lucas Alcaraz, ahora técnico del Murcia. No se podían ni ver. Así que en diciembre se marchó al Barça B. Toda una locura para la estabilidad de un futbolista. Hasta que apareció Quique Pina.

Pina lo rescató del Mallorca –llegó con la carta de libertad– y devolvió al fútbol a un excepcional delantero. “Le dije que era su última oportunidad para triunfar. O lo hacía en el Ciudad, o ya se podía retirar”, cuenta Pina recordando la etapa del jerezano en Murcia.

El ahora manager general del Granada 74, consciente de que corría “un riesgo” al contratar a un futbolista con especial devoción por la noche, lo presentó ante los medios como “el jugador más golfo del fútbol español”. ¿Era para tanto? “Sí, sí. Totalmente. Su vida, por entonces, era eso: un poco golfa, muy desestabilizada”.

Pina fue un como un padre para Güiza. Confió en él y en Murcia encontró la estabilidad que necesitaba. Güiza se convirtió en un estandarte para el Ciudad. Fue el futbolista más importante en la corta historia del club murciano. Jugó dos temporadas magníficas. Sus goles –37 repartidos en los dos años– salvaron al equipo del descenso a Segunda B... y de la ruina. Güiza fue traspasado al Getafe por 1,2 millones de euros –en ese momento, el fichaje más caro en la historia del club madrileño y el único por el que el Ciudad recibió transferencia económica en ocho años de vida–.

Ángel Torres, presidente del Getafe, llegó a describirlo después “como el mejor definidor de la Liga sólo por detrás de Ronaldo”. Schuster, que lo tuvo como jugador, dijo de él que “a veces llegaba a los entrenamientos con una cara que parecía haber dormido debajo de un puente”.

Un par de años después, de nuevo en Mallorca y con Nuria Bermúdez como pareja, viajará con la Selección con la humildad de sus orígenes, con sus “botas, las espinilleras y el Cristo de los gitanos”.

Un misterio sin resolver



Hay algo en el Valencia y en Valencia que huele a misterio. Y no se sabe muy bien qué es. Quique Sánchez Flores fue su última víctima. En su última rueda de prensa como técnico valencianista, se despidió con una frase solemne, que dejó bien claro la angustia continua que vivió durante el último año y medio. Casi un calvario. “A día de hoy, tengo la sensación de que pierdo un cargo pero recupero una vida, que es lo más importante”.

A Quique lo sentenciaron sus aficionados. Descontentos con el juego del equipo, Mestalla fue un clamor durante varios partidos: “¡Quique, vete ya!”, repetían incesantemente. Juan Soler, el presidente del club, atendió la petición. Y Quique ganó una vida. Anteriormente la habían recuperado Cúper, Ranieri y Rafa Benítez. Todos, en mayor o menor medida, disfrutaron de una época de esplendor, y ganaron títulos. Todos acabaron en la calle.

No hay éxito que valga en Valencia. Por muy difícil que parezca, no bastaron los triunfos. Las luchas internas, los conflictos, las discusiones, las quejas, las insatisfacciones están a la orden del día.

El Valencia es un club que vive sometido a una tensión continua. Un club que hace dos temporadas malvendió a un futbolista de la talla de Aimar, que dejó escapar gratis a Ayala y que en los últimos diez años ha contado con tres presidentes distintos. Tanta bronca, tanto ruido, tanta tensión acaba por pasar factura. La falta de estructura es evidente. En la plantilla de este curso conviven jugadores fichados por el anterior director deportivo, Amadeo Carboni, –Hildebrand, Mata o Sunny–, otros por Quique –Arizmendi, Alexis o Helguera– y otros por el actual director deportivo, Miguel Ángel Ruiz –Manuel Fernandes (18 millones, y hasta ahora un fiasco) o Zigic (17 millones, otro fracaso).

Ahora se están pagando los platos rotos. La sociedad es incapaz de sostenerse. Con la llegada de Ronald Koeman nada ha cambiado. Las estrepitosas derrotas ante el Real Madrid (1-5) y el Rosenborg (0-2) dirigieron las críticas hacia el presidente. Son las consecuencias de una sociedad autodestructiva que se empeña en castigarse continuamente.

En los últimos ocho años el Valencia ganó la Liga en dos ocasiones, levantó una Copa, una Copa de la UEFA y jugó dos veces la final de la Liga de Campeones, competición en la que siempre ha dado la talla entre los mejores. La afición del Valencia, sin embargo, lejos de disfrutar de esa etapa de oro, vive peleada con su equipo. No confía en sus entrenadores, por muy distintos que sean o por mucho que triunfen. Suele estar casi siempre descontenta con el juego y los resultados, se gane o se pierda. ¿Qué más quieren? Es un misterio que a día de hoy continúa sin resolverse.

miércoles, 31 de octubre de 2007

El alma del Espanyol

La última vez que el Real Murcia visitó Montjuic fue un día difícil para el Espanyol. Último partido de Liga. Temporada 2003/04. Aquel partido pudo cambiar la historia reciente del equipo catalán. Necesitaban ganar para no descender a Segunda. El Murcia hacía semanas que no se jugaba nada: ya estaba descendido. Durante 70 minutos el Espanyol rozó el infierno. Hasta que apareció el ídolo perico.

Tamudo salvó a su equipo de un destino cruel y de su futuro más inmediato. El descenso hubiese obligado al Espanyol a vender, no sólo al máximo goleador de toda su historia, sino también a su jugador más importante en 107 años de vida.

El chaval que un día no quiso el Barcelona lleva ahora más de 115 tantos en Primera. Sólo Raúl y Morientes, como jugadores en activo, han cantado más goles. Pero Tamudo tiene una ventaja sobre ellos: es el único que en las últimas ocho temporadas ha alcanzado o superado los diez goles.

Con 12 años fichó por el club que ahora sigue defendiendo y queriendo. En un deporte cada vez más mercenario como el fútbol, donde el dinero prima por encima de los sentimientos, pocos futbolistas se han sentido tan identificados con su equipo como Tamudo. En el 2000 el Glasgow Rangers, en busca de una estrella, le hizo la oferta de su vida, y entre lágrimas –literal– se marchó a negociar a Escocia. Finalmente no firmó porque se decía que sufría una lesión de rodilla. Luego, él siguió a lo suyo: haciendo grande al Espanyol. Y desoyendo ofertas: Sunderland, Villarreal, Atlético o el propio Barça (Rossell se lo quiso llevar en 2003).

Después de ser decisivo en las dos finales de Copa del Rey vencidas por el Espanyol (2000 y 2006), el año pasado contribuyó con sus goles europeos a llevar al equipo perico a la final de la Copa de la UEFA frente al Sevilla, que perdieron por penaltis.
Tamudo es un futbolista en vías de extinción. A simple vista parece un jugador frágil. Nada le distingue en especial. No es especialmente rápido, ni fuerte, ni excesivamente habilidoso. Su normalidad y su inteligencia son sus principales señas de identidad. Sus goles salvaron al Espanyol de más de un desastre, como el anotado frente al Murcia, y ayudaron a ganar títulos. Todo ello no le ha servido para que se le considere como uno de los mejores jugadores de la Liga, quizá por la normalidad que siempre ha presentado en su imagen y en su juego.

Toda su carrera ha sido un solitario ejercicio de astucia y precisión. A sus 30 años, el de Santa Coloma es un jugador casi único camino de convertirse en una leyenda para todo el españolismo.

lunes, 8 de octubre de 2007

El infortunio de Cúper

A nadie le extrañaría que Héctor Cúper hubiera nacido en Roma, Nápoles, Turín o Livorno, en cualquier ciudad de Italia. Pero no. Nació en Santa Fe, una ciudad del centro de Argentina, turística y de gente cálida. Y, sin embargo, a Cúper siempre se le ha distinguido una imagen seria, trabajadora, sobria, conservadora. Una imagen que posteriormente refleja en los equipos a los que entrena, que suelen ser un calco de sí mismos. Su sistema siempre se basa en un intenso trabajo, físico y táctico. La prioridad es defender. Arriba hay que ser lo más contundente posibles. Nada de filigranas.

Esa imagen, añadida a su fenomenal trabajo en Lanús, Mallorca y Valencia, le llevaron a entrenar, en 2001, a una de las sociedades futbolísticas más importantes del mundo: el Inter de Milán. Sin embargo, a pesar de su perfil italiano, la suerte siempre le ha dado la espalda en las grandes citas, en los momentos cumbre.

El mal fario de Cúper se remonta ya en su primera temporada como técnico. Hablamos de 1992. Entonces, colgó las botas en Huracán y pasó a ser su entrenador. En el último partido de Liga a Huracán le bastaba un empate para ser campeón. Pero perdió, y la afición se consoló con el segundo puesto. Luego se marcharía a Lanús, donde obtuvo su primer éxito internacional. Ganó la Copa Conmebol en 1996 –torneo equiparable a la UEFA en Europa–.

En Mallorca se fijaron en él y, en su primer año como preparador bermellón, metió al equipo en la final de la Copa del Rey, final que perdió frente al Barcelona. Pero ese subcampeonato le sirvió para disputar la Supercopa de España, que sí levantó, y la Recopa de Europa, en la que también perdió la final frente a la Lazio de Vieri y Nedved.

De ahí, al Valencia. Llegó a dos finales de la Copa de Europa. Primero frente al Madrid y después contra el Bayern. Se imaginan el resultado: ninguna ganó. Desde entonces, es inevitable asociar a Cúper con el infortunio.

Por eso no es de extrañar que Massimo Moratti se lo llevase al Inter, donde las desgracias se cuentan por miles, como la venta de Roberto Carlos al Madrid, o la de Pirlo al Milan al considerar que ninguno tenía mucho futuro.

En el Inter, Cúper se encontró con Ronaldo, con el que no se llevó precisamente bien. El brasileño llegó a declarar, ya en el Real Madrid, que Cúper casi termina con su carrera. “Dejé el Inter por su culpa y se lo dije en la cara. Conmigo estaba actuando de mala fe”, aclaró.

Ahora en el Betis, las cosas le van relativamente bien. Por lo menos ha conseguido estabilizar en los últimos partidos un conjunto que parecía destinado a la deriva, que salvó el descenso en la última jornada de la pasada temporada y que sigue echando de menos épocas pasadas más alegres.

Ayer, Cúper asistió a su habitual presencia con los medios antes de un partido. En un arrebato de sinceridad –en realidad siempre ha sido sincero–, dijo que “la primera premisa del fútbol es tener la portería a cero”. Por eso, y a pesar de su mala suerte, a nadie le extrañaría que Cúper, en vez de argentino, fuese italiano.


Publicado en El Faro el 7 de octubre de 2007.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Hasta siempre, Puerta



24 de abril de 2006. 100 años de sevillismo. Sevilla-Schalke 04. Semifinales de la UEFA. Minuto 100 de partido. Jesús Navas, pegado a la banda derecha, centra el balón a la frontal del área. Renato la deja pasar. Puerta ve llegar el balón. Mientras, piensa: "Es la mía. Va para dentro. Si marcamos, a la final". Poco después se fundía en un abrazo con todos sus compañeros. El Sánchez Pizjuán le vitoreba. ¡¡¡Pueeeeerta, Pueeeeeeerta, Pueeeeeeeerta!!! Los periodistas radiofónicos recuperaban el aliento después de cantar un gol histórico para el Sevilla. Se habían metido en la final de la UEFA.

"Quillo, no quiero pasar a la historia por el gol del Schalke. Tengo sólo 21 años y me queda mucho por hacer", comentaba un humilde Puerta al día siguiente . Y no se equivocaba. Poco después ganarían esa UEFA. Y después, la Supercopa de Europa al Barça. Luego caería otra UEFA. Y una Copa del Rey. Y una Supercopa de España. Y él, indiscutible desde la banda izquierda. Como lateral o como centrocampista. Porque le daba igual. Deboraba rivales con la misma facilidad. Era un portento.


Con 22 años, se encontraba cerca del apogeo de su carrera. Fuerte, rápido, ágil, versátil. Era un atleta con una "zurda de diamante". Era el sueño de cualquier entrenador. Ejemplar sobre el césped y fuera de él. Un ejemplo para futuras generaciones. Como lo hubiese sido para su hijo, Aitor, al que ya nunca podrá conocer y que nacerá en octubre. Es el gran drama de toda esta historia. Puerta era un joven lleno de vida y proyectos. Aitor era el último. Y la vida le ha arrebatado el placer de conocerlo y que el chico, como todos los aficionados al fútbol, disfruten con el juego de Puerta por la banda izquierda en cualquier estadio de fútbol.

Seguro que Puerta murió como todo sevillista hubiese deseado. En el Sánchez Pizjuán, defendiendo la camiseta de su Sevilla, del club de toda su vida, de su alma, dejándose la vida por su afición, luchando por tres puntos más. Murió de blanco. Lo único que eligió mal fue el momento. No era su momento. Todavía no.

Porque la muerte de Puerta nos recuerda que detrás de cada futbolista hay una persona. Como dice hoy Santiago Segurola en MARCA, "un gran jugador, un gran deportista, es un hombre que vive entre grandes riesgos. Está sometido a la máxima tensión y su cuerpo sufre ataques que no soportaría el hombre de la calle".

Difícilmente olvidaré su imagen después del primer desmayo. Sentado sobre el césped, con los brazos sobre las piernas, con una cara entre la incredulidad y la indignación, ladeando la cabeza, diciendo entre labios 'me cago en la puta'. Y luego su forma de abandonar el campo. Acompañado de los médicos, por la banda izquierda, por su banda, con la afición coreando su nombre otra vez, por última vez, -'¡¡Pueeeeeerta, Pueeeeeerta!!- camino del último lugar que vería: el vestuario del Sevilla. El lugar donde se forjaron todos sus sueños. En casa. Y como un mito del sevillismo.



Descansa en paz, Antonio.

jueves, 19 de julio de 2007

El fichaje bomba del verano

No marca goles ni los da. Tampoco es un defensa sobresaliente. Ni siquiera un centrocampista jugón. Principalmente porque no es futbolista. Pero se puede comparar con Henry, Ayala, Saviola o cualquier fichaje mediático de este verano. Porque también ofrece espectáculo. De hecho, si se le compara con alguien, habría que mencionar a los grandes. Maradona o Zidane, por ejemplo. Santiago Segurola es el mejor periodista deportivo de este país, y probablemente uno de los mejores de la historia. MARCA lo acaba de fichar.


¿Se imaginan a Ronaldinho o Messi fichando por el Real Madrid? Pues algo parecido ha ocurrido con lo de Santi... Dicen que su salida ha removido los cimientos de PRISA. Y no me extraña. El País pierde a todo un referente. Pero también la SER. Desde hace un año, Santiago Segurola, sufridor del Athletic de Bilbao, amante de la (buena) música -la que por aquí gusta- y apasionado del baloncesto o el atletismo, dirigía la sección de Cultura del periódico de Polanco. En los siete años anteriores se le pudo leer y disfrutar como Redactor Jefe de Deportes. Aunque muchos quizás le conozcan más a través de sus apariciones en El Larguero, programa del que ha sido colaborador habitual. Ahora habrá que poner Radio MARCA para escucharle.

Segurola llega a MARCA para ayudar al diario a recuperar su identidad perdida en estos últimos años. El que sigue siendo el periódico no gratuito más leído de este país, no deja de perder lectores EGM tras EGM. Una realidad que se ha dejado ver con el cambio de dirección y con el fichaje de Santi.

Particularmente, la noticia me alegra sobremanera. Estamos hablando del periódico con el que más me identifico, el que he hojeado desde que tengo uso de razón y en el que, en un futuro, me encantaría trabajar. Y nos referimos a un periodista que, con cada texto, dignifica un trabajo tan poco valorado como este a base de palabras. Un periodista espectacular.
Os dejo con el que (creo) que fue su último texto en los Deportes de El País. La crónica de la final del Mundial de Alemania: Italia-Francia. Impresionante.

El triunfo de la nada

Italia, campeón gracias a la rueda de penaltis, tras una final dominada por Francia que perdió a Zidane por expulsión

Italia ganó en la rueda de penaltis y Cannavaro levantó la Copa del Mundo. Quedará grabado en el historial del torneo. Se celebrará con entusiasmo en las calles de las ciudades italianas. Con toda seguridad se hablará de los héroes de Berlín y los oportunistas se apuntarán al resultado. Pero que nadie hable de fútbol. Italia no existió. Fue un equipo pequeñito, destinado al olvido. Se refugió en las cuerdas durante una hora. Admitió su enorme inferioridad ante la poderosa Francia que emergió en el segundo tiempo, dirigida por el mejor Zidane de los últimos años. Por el gran Zidane, en suma. Pero en su último partido, el astro francés no salió de Berlín como un héroe. Sus incuestionables méritos fueron destruidos por su agresión a Materazzi en los últimos instantes del encuentro. Al futbolista que nunca pierde el control del juego le traicionó su descontrolada reacción, un flagrante cabezazo al pecho del central italiano, lo último que se recordará de Zidane en un campo de juego. Una pena.

Las prioridades de italianos y franceses suelen relacionarse con el cumplimiento de las obligaciones defensivas, con la atención al dibujo, con el aprovechamiento de los detalles, con la presión, con todo lo que remita al esfuerzo. Por razones desconocidas, Francia prefiere privilegiar ese modelo al brillante juego que desplegó en el segundo tiempo y en la prórroga. Italia es más que nada el fútbol de Gattuso, al que no conviene parodiar. Su figura cada vez es más importante. El Mundial ha privilegiado el gatusismo como eje del fútbol. No es culpa de este centrocampista laborioso, inteligente fuera del campo, abnegado y solidario dentro. Gattuso es esencial porque los entrenadores no pueden vivir sin jugadores como él. Mueren por los gatussos. Lo excepcional es el Barça y su escuela. Lo normal es Italia. Lo normal es la Francia del primer tiempo. Lejos de proponer una vía que coloque a Henry o Zidane en las condiciones favorables para aprovechar sus grandes condiciones, se les obliga a la proeza. Es una pena, porque Francia mejora mucho cuando su juego se establece alrededor de Zidane y Henry, cuando el equipo olvida su fatigoso estilo para alcanzar un vuelo que rara vez se permite.

La magnífica Francia del segundo tiempo no tuvo la misma respuesta en Italia. Todo lo contrario. Agradeció el generoso despliegue francés para instalarse en lo más profundo de su cultura defensiva. Italia se siente cómoda en ese papel de resistente que tanto desgasta a sus adversarios. El ataque desordena, y especialmente el ataque frecuente. Italia especula perfectamente con esa vieja ley del fútbol. Es la razón por la que suele vencer en los últimos minutos, cuando al equipo que ataca le invade la fatiga, el desorden y el punto de desesperación que caracteriza a los generosos. Los especuladores no se impacientan jamás. Cuando Francia se salió de sus rígidos márgenes para jugar con clase y velocidad, no hubo color. Sin embargo, siempre planeó la figura del contragolpe ganador. O sea, de la vieja Italia: un partido para aburrir y un minuto para ganar.

El encuentro se escapó a lo previsto por los méritos de Francia. No ocurrió cuando se encontró con su temprano gol. Zidane convirtió el lanzamiento de penalti en una obra maestra, por lo que hizo y a quién se lo hizo. Buffon es un porterazo. Intimida. Pero Zidane lo engañó con elegancia, sangre fría y una dosis de incertidumbre. La pelota golpeó la base del larguero, botó dentro de la portería y regresó al campo. El linier tuvo buen ojo. Era gol. Lo malo de ese gol es que sacó la cautelosa alma de un equipo que puede jugar muy bien. No es una sospecha. En el segundo tiempo arrolló a Italia con un fútbol de altísimo registro. Italia jugó a una cosa muy curiosa: a buscar el córner. Prefería llevar la pelota a una esquina y esperar la acostumbrada torpeza de Abidal. El lateral izquierdo francés ha estado superado por el torneo desde el primer encuentro. Concedió tres saques de esquina que estuvieron a punto de destruir a su equipo. Cada córner fue un drama para los franceses. Materazzi marcó el tanto del empate en un cabezazo. Toni estrelló otro contra el larguero. Los italianos vieron una mina y no se dedicaron a otra cosa. El típico peñazo que sólo justifican los ventajistas lectores de resultados.

Italia comenzó el partido con la habitual producción de Materazzi. Lanzó cuatro pelotazos desde su campo en los diez primeros minutos. Todos sin destino. Pero el pelotazo es todo lo contrario de la elaboración. No desordena. El entramado defensivo sigue en su sitio. Si todos los equipos hicieran lo mismo que Italia, el fútbol sería un pésimo partido de tenis entre dos materazzis. El hombre abandonó la catapulta porque Italia perdía y necesitaba algo más que pelotazos groseros. Encontró la solución en Abidal y su absurdo interés en conceder saques de esquina. Empató Materazzi, que para cabecear es alguien, y el partido derivó a una rutina donde Zidane sufría y Henry tenía que obrar un prodigio en cada incursión. Enfrente, Cannavaro volvió a confirmarse como el mejor defensa del Mundial junto a Thuram. Zambrotta tampoco ha estado lejos de la perfección. Y Buffon no cometió un fallo. En eso, Italia también fue muy italiana. El resto quedó reservado para un estupendo Gattuso. Pero un estupendo Gattuso significa lo que significa.

Resultó emocionante la majestuosa actuación de Zidane. Resultó detestable su vergonzosa agresión a Materazzi en los últimos instantes del partido. El viejo maestro fue víctima de los descontrolados accesos de ira que han caracterizado su carrera. La admiración que ha producido como jugador se ha visto manchada demasiadas veces por sus reacciones intempestivas. Hasta su infame cabezazo al central italiano, Zidane había sido el héroe del encuentro. Parecía en la cima de su carrera, y no en la noche de su despedida. Comenzó a tirar pases aquí y allá, todos los que su equipo necesitaba. Unos de descarga, otros de medio rango, algunos profundos, todos inteligentes. Un reloj con botas. Por delante, Henry amenazó en varias acciones al insuperable Cannavaro, que necesitó de todos sus recursos para sostener a la defensa italiana. Del ataque no hubo noticias. Ni de sus centrocampistas. Ni tan siquiera brilló Gattuso. Cuando Zidane decidió ser Zidane, Gattusso desapareció del mapa. A Italia, que estuvo varias veces al borde del gol de la derrota —Buffon hizo un milagro para desviar un cabezazo de Zidane, Ribéry no logró colocar la pelota en el rincón en un mano a mano con el portero—, sólo le sirvió la versión defensiva. Toda esa historia de los delanteros que entran para ganar el partido es un cuento. Entró toda la caballería de los Del Piero, Iaquinta y compañía pero no sirvió de nada. Italia no vio la pelota ni en el segundo tiempo, ni en la prórroga. Fue un gran monólogo de Francia.

domingo, 24 de junio de 2007

El primer fichaje de Lucas

El Murcia ya tiene su Beckham

De Lucas, diplomado en Dietética y Nutrición, es el primer refuerzo grana. Llega procedente del Alavés y se toma su vuelta a Primera como una "reválida personal"

Quique de Lucas no coincidió con Roman Abramovich en el Chelsea aunque le faltó poco. En junio de 2003, el multimillonario ruso adquirió el club londinense -entonces un equipo de buenos futbolistas pero mediocre en resultados (nunca ganó nada)- y dispuso de toda su fortuna para crear un potente equipo -ya ha ganado dos Ligas, otras tantas Copas, y cada año aspira a todo-.

De Lucas abandonó ese mismo verano Londres. Allí sólo jugó un año (temporada 2002-03). Actuó en 17 encuentros, apenas destacó pero le dio tiempo a madurar y crecer como futbolista. Era lo que necesitaba con 24 años después de haber completado su mejor campaña en el Espanyol disputando 33 partidos y marcando ocho goles.

Después, fichó por el Alavés, en Segunda División. Ascendió a Primera en su segunda campaña, bajaron de inmediato y este año, con uno de los presupuestos más altos de la categoría y con una de las mejores plantillas (Lucas Alcaraz llegó a decir que "la mejor"), han sufrido para no descender a Segunda B.

Uno de los pocos que se ha salvado entre la mediocridad vitoriana y que, de hecho, ha sido su futbolista más destacado y regular durante todo el campeonato es ahora el primer refuerzo del Real Murcia en su vuelta a Primera.

De Lucas llega con el aval de Lucas (Alcaraz). El suyo podría calificarse de fichaje necesario. Tiene calidad, regate, es rápido y dispone de un potente disparo, su mejor cualidad. Probablemente no sea titular indiscutible, pero es un jugador de plantilla, como le gustan a Alcaraz. Además, se puede adaptar perfectamente a cualquiera de las dos bandas (mejor a la derecha, que es su pierna buena). Y, lo más importante, aterriza en Murcia en su mejor momento. Aunque él lo pone en duda. "Mis mejores años están por llegar", afirmó el dia de su presentación como nuevo jugador grana.


Mis mejores años están por llegar"


"Esta aventura es una reválida personal para demostrar mi potencial. Tengo las ganas de un debutante y ya tenía ganas de pensar sólo en el fútbol después de dos años muy poco satisfactorios", añadió.

De Lucas no solo es conocido por su juego. También lo es por su físico. Su imagen le ha permitido trabajar como modelo ocasional y despertar algo más que simpatía entre el sector femenino. Quizá no sea un jugador muy convencional, pues de hecho es diplomado en Dietética y Nutrición. Le han faltado mejores condiciones para convertirse en un icono publicitario como Beckham, Totti o Kaká.

Yo me conformo con que marque seis o siete goles y ofrezca un buen rendimiento.


Historial:
Español B (1996 - 1998)
RCD Español (1997 - 2001)
Paris Saint Germain (2001)
RCD Español (2001 - 2002)
Chelsea (2002 - 2003)
Deportivo Alavés (2003 - 2007)
Real Murcia (2007 -)

Títulos
1 Copa del Rey (RCD Español 99-00)

Lugar de nacimiento: Hospitalet (Barcelona)
Fecha de nacimiento: 17/08/1978


PD: Me gusta su fichaje.

jueves, 11 de enero de 2007

Adiós, 'Galaxia'; hola, Galaxy



Pues ya veis, Mijatovic no estaba de coña. Prometió medidas, y toma, la primera llega dos días después. Beckham se larga. Ya tiene el contrato firmado con los LA Galaxy esos. Vaya tela. La decisión en relidad no sorprende a nadie porque era uno de los grandes candidatos a dejar el Real Madrid con todo lo que se ha montado en los últimos días. La limpia ha empezado con él.

Y, aunque siempre lo he defendido (ahora lo volveré a hacer), me parece una decisión acertada. Beckham está ya en clara decadencia futbolística. Incluso creo que perdió la ilusión de jugar en el Real Madrid desde la llegada de Capello. Los futbolistas saben perfectamente que cuando un entrenador no cuenta contigo difícilmente vas a convencerle de lo contrario, salvo contadas excepciones, claro, que siempre las hay. Y si se pierde la ilusión, se pierde todo.

Beckham era una herencia de Florentino. Es imposible no emparejarlos. Fue un capricho del ex presidente, que estaba seguro de que fichando al inglés fichaba algo más que un futbolista: fichaba una marca. Y no se equivocó. El Madrid, entonces, se convirtió no sólo en el club con más ganancias en todo el mundo, se convirtió en una multinacional.

Lo que realmente me jode es que todos los entrenadores que le han tenido aquí hayan desaprovechado durante tres años a un excelente interior derecho. Beckham se hizo futbolista en la banda derecha, donde siempre destacó. En el Manchester no se cansaba de poner centros telederigidos que en un porcentaje muy alto acababan en gol.
Aquí no se ha visto ese Beckham por lo que digo. Se empeñaron en colocarlo de mediocentro, donde sus cualidades descendían tan considerablemente que parecía un futbolista mediocre, uno más. Jugando en el centro del campo se limitaba a correr, presionar, defender, meter la pierna, y casi siempre lo hacía mal. ¿Por qué? Porque nunca antes lo había hecho. Después, cuando le llegaba el balón a los pies, ¿qué podía hacer? ¿meter un centro? En cualquier caso, un pase bombeado.

Puede que le faltase calidad (nunca ha regateado a nadie), pero nadie le puede reprochar lo que comento: entrega y coraje. Pero en fin, eso ya es pasado.
Aún le quedan seis meses como madridista. Ojalá que por lo menos tenga una despedida como se merece. Al fin y al cabo se ha dejado los cojones jugando, como digo, y ha demostrado querer esa camiseta, que no es poco.

Siempre me ha parecido un tipo honrado, y eso, siendo un icono publicitario, mediático, una persona reconocida en cualquier rincón del planeta, en definitiva, no debe ser fácil. Supongo.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Entrevista a Javi García

“Este Madrid ganará la Liga”

Vistió la primera camiseta merengue con 17 años. Ahora, con 19, es jugador del Castilla pero cuenta con la confianza de Capello, del que dice que es “un entrenador como la copa de un pino”

Rubén Muñoz / Murcia (FOTO: JUAN CARLOS CAVAL)

Javi García (8/2/87, Mula) es una de las grandes atracciones de esta Selección Murciana. Lleva ya cinco años en el Real Madrid y con tan sólo 14 ‘primaveras’ abandonó su Mula natal para recalar en ‘la casa blanca’ y labrarse su futuro y también su sueño: vestir la camiseta del primer equipo. Un sueño que cumplió hace dos temporadas cuando debutó de la mano de García Remón frente al Levante (28/11/04).

Este verano ganó el Europeo sub 19 siendo uno de los hombres más importantes de España y Capello descubrió en él a un jugador con un prometedor futuro. Por eso se lo llevó a la gira americana y ahora sigue todos los días sus evoluciones en la ciudad deportiva madridista junto a Raúl, Ronaldo, Van Nistelrooy y cía.

El sábado centrará las miradas de muchos seguidores murcianos en Nueva Condomina. Todos esperan que sea uno de los líderes para derrotar a Ecuador. Sería la primera victoria del combinado murciano en su historia, pues hace un año tan sólo se empató frente a Lituania. Sabe que no será fácil, pues el combinado ecuatoriano ya demostró en el último Mundial que tiene nivel para competir con los mejores, aunque, según él, “no es una utopía” ganar. “El año pasado ya se vio que que tenemos un buen equipo. Contra Lituania hicimos un gran partido y pudimos ganar el partido. Además, para jugadores como nosotros, es un reto tener enfrente a una Selección como Ecuador, porque nunca antes nos hemos enfrentado a un país de este nivel y les podemos ganar”.

En esta entrevista, el crack muleño también habló del Madrid, de Capello, de Cannavaro y de su futuro como madridista.

- Aunque aún te quedan muchos años como futbolista, ¿puede decir que ya ha triunfado?

- ¡Hombre! Tanto como eso no...Se puede decir que hasta el momento las cosas me han salido bien. Bastante bien. Pero lo importante, como dicen, es mantenerse. He tenido la suerte de jugar en Champions, en Liga y en Copa, pero mi único objetivo es, tarde o temprano, formar parte de la primera plantilla.

- Pero supongo que con 10 u 11 años no imaginaba alcanzar lo que ya ha logrado con su edad.

- No, eso desde luego que no. Uno sueña con jugar en el Real Madrid, rodearte de los mejores jugadores, entrenar con ellos, aprender, defender ese escudo...pero en ningún momento pensé que lo podía conseguir con 17 años. Ojalá que no sea algo pasajero y pueda estar allí mucho tiempo.

- Ahora falta quitarle el sitio a Diarra...

- Sí, en ello estamos. Pero hay que trabajar duro y ser siempre ambicioso. Y yo lo soy.

- ¿La llegada de Gago puede ser un freno a su salto definitivo con el primer equipo?

- No, yo no lo veo así. En el Madrid estamos acostumbrados a que lleguen grandes jugadores de fuera. Y eso siempre es bueno para el club. A los jugadores de la cantera también nos sirve para aprender de ellos. Pero te puedo asegurar que hace falta algo más que un Gago para frenarme.

Hace falta algo más que un Gago para frenarme

- ¿Y con Capello qué tal? ¿Es tan duro como parece?

- (Piensa durante unos segundos, pero contesta rotundo). Es duro. Se nota que sabe mucho sobre fútbol. Muchísimo. Quiere sacar el máximo rendimiento a todos los jugadores, y por eso le gusta trabajar tanto. Es un entrenador muy correcto en todas sus formas y nada lejano con los jugadores.

- ¿Entonces no es una persona que prefiera mantener las distancias con los futbolistas?

- No, no, para nada. Le gusta conversar con todos, tanto en grupo como de manera individual. Es una persona cercana y un entrenador como la copa de un pino.

- En pretemporada habló maravillas de usted. Dijo que tenía muchas condiciones para llegar lejos. De hecho, jugó varios partidos, fue a muchas convocatorias y ahora parece que ha quedado en segundo plano. ¿Le ha dicho algo?

- No, yo sigo entrenando prácticamente todos los días con el primer equipo, pero no me ha dicho nada en particular. Me trata como a uno más.

- Pero está siendo un año un poco raro ¿no?

- Sí. Entreno casi todos los días con el primer equipo pero luego suelo jugar con el Castilla. Yo no olvido que tengo 19 años y que mi meta es asentarme con el primer equipo. Lo importante es trabajar bien cada día, seguir mejorando y aprovechar los minutos que me ofrezca Capello.

- El Madrid está tres años sin ganar nada. Por eso se apostó por Capello y gente veterana, ¿cree que este año se logrará algún título?

- Sí, estoy seguro. El equipo ha ganado bastante con la llegada de Capello. Aunque está difícil, creo que la Liga la vamos a ganar. Por el estilo que ha impuesto Capello, por su juego, su filosofía, el Madrid va a ser el equipo más regular de la Liga. Y por eso la va a ganar.

- Y un tema tan de actualidad: Cannavaro. ¿Usted le hubiese concedido el FIFA World Player y el Balón de Oro?

- Yo sí. Además no entiendo todo el revuelo que se ha montado con todo eso. Italia ganó el Mundial, Cannavaro fue el mejor. Lleva varios años demostrando que es un gran central. Así que creo que son premios más que merecidos.

Cannavaro se merece el FIFA World Player y el Balón de Oro

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“Jugar este partido era algo que Capello no podía negarme. Él prefería que aprovechase estos días para descansar y así me lo hizo saber. Pero también me dijo que si quería jugar y me hacía ilusión, que adelante. Que era una cosa mía. Yo en ningún momento dudé porque son muy pocas las oportunidades que tengo para jugar aquí, en mi tierra, con toda mi gente...y no podía dejar escaparla”

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“No descarto una cesión al Murcia si sube, aunque primero tiene que subir. Mi objetivo es quedarme en Madrid y triunfar con el primer equipo, pero la vida da muchas vueltas y por eso es algo que no descarto”

miércoles, 2 de agosto de 2006

Camisetas no, títulos sí


Algo está cambiando en el Real Madrid desde la llegada de Ramón Calderón. El presidente está invirtiendo en títulos. Va a lo seguro. Atrás quedó esa política florentinata de apostar por futbolistas cuyos rendimientos distaban mucho entre el marketing y su rendimiento sobre el terreno de juego.

Ahora han llegado Cannavaro, Emerson y Van Nistelrooy. Eso de momento. Sin olvidar a Capello. Todos ellos son ganadores natos, lo han demostrado sobradamente. Aunque desde algunos sectores se está criticando su edad (los tres futbolistas pasan ya la treintena), lo cierto es que esto es algo que no parezca importar mucho a los dirigentes blancos. A mí tampoco. Porque el Madrid necesita ponerse otra vez a la altura del Barça y lograr la Liga o la 'Champions'. Se trata de una prioridad. La afición no perdonaría otro año sin títulos. Si se gana algo, ¿quién se acordará de las 32 primaveras de Cannavaro -elevado a la categoría de mejor jugador en el Mundial, para muchos-?.

Aún faltan por llegar varios refuerzos. Difícilmente serán más veteranos que los que ya han firmado. Ahora se habla de Reyes, De Rossi, Abidal y, cómo no, de Kaká. Lo del brasileño lo veo bastante difícil. Sobre todo porque el futbolista aún no ha mostrado su deseo de venir a Madrid y si en cambio de quedarse en Italia. Con Ronaldo, por ejemplo, no pasó lo mismo. Tampoco dijo públicamente que su deseo era vestir de blanco, pero sí al menos dejó claro que no pretendía seguir en el Inter.

En cualquier caso, soy optimista. Sobre todo por Capello. Aunque su estilo de juego no sea precisamente el del Brasil del 70, siempre garantiza triunfos. Y eso es lo más importante. Porque, ¿qué prefiere usted, jugar bien o ganar?

Pues yo también.


Suena: Walking In My Shoes, Depeche Mode